miércoles, 21 de junio de 2017

Don't Look Back In Anger, Oasis, 1996


Sin rodeos: la de hoy, es una de las canciones más memorables de Oasis, sin ninguna duda, un himno del britpop, Y es algo que el propio Noel Gallagher debió de intuir correctamente cuando la compuso, porque casi un año antes de su lanzamiento como single (y más de medio previo a su publicación en aquel fantástico (What's the Story) Morning Glory) ya lo presentó en directo... incluso antes de acabar de componerla. 

Su inspiración no era nada revolucionaria. Como tantas otras veces en el caso de Oasis, el aroma beatle estaba por todas partes, aunque también jugó un papel importante -y se nota- el que también fue en su día otro himno rock. Se trataba de All The Young Dudes, compuesto por David Bowie en 1972, y llevado al número uno por un entonces casi desconocido grupo llamado Mott the Hoople, A través de esta inspiración, el glam rock de los setenta acabaría dándose la mano con el momento culminante del britpop de los noventa. 

Naturalmente, Don't Look Back In Anger alcanzó el número uno en Gran Bretaña, y se convirtió en uno de los mayores hits de aquel 1996

Sin embargo, no fue la última vez en que la canción estuvo en la mente de todos. El pasado mes de mayo, a raíz del atentado durante el concierto de Ariana Grande en el Manchester Arena, el tema volvió a la primera línea. Al día siguiente, unos estudiantes de música de la ciudad -de la cual procedía, precisamente, Oasis- la entonaron, y dos días más tarde, en los funerales, la multitud empezó a cantarla de forma espontánea. El mismo Liam Gallagher, conmovido, envió un inusual mensaje (teniendo en cuenta el intratable carácter del personaje) de apoyo a las víctimas. 

Finalmente, un hecho trágico acabaría por poner a la canción en un lugar mucho más allá del postureo rock, incluso de los himnos. Había entrado a formar parte de la memoria colectiva. 



Hasta la próxima!

sábado, 31 de diciembre de 2016

Alive & Kicking, Simple Minds, 1985

Y aquí estamos de nuevo, porque aunque lo parezca... ¡nunca nos hemos marchado! Han faltado los momentos necesarios para ponerse ante el ordenador, pero nunca las ganas de hacerlo. Así que, como prueba de ello, nada mejor que una Píldora para acabar este 2016. Y nada de necrológicas, que musicalmente este año ha sido poco menos que un Waterloo: Bowie, Prince, Cohen, George Michael... y tantos otros más. Menos mal que aún nos queda el bueno de Keith Richards, con dos cojones ahí, aguantando mecha. 

Este 2016 ha tenido de todo, como la propia vida: muchos momentos geniales, otros de esos que se escapan sin enterarse uno en el día a día, y algunos, los menos, para dejarlos correr. Así que para este 2017, le pido sólo que los buenos sean más, y aún mejores, que los anodinos no pasen de ahí, y que los no tan buenos sean todavía menos y que pasen sin dejar demasiada huella. 

¡Y, sobre todo, que hayan más Píldoras! ¡Espero poder estar a la altura! 

Porque, como cantaban los Simple Minds hace más de treinta años, en realidad, siempre he seguido aquí, vivito y coleando. 

Y que dure. 




Hasta la próxima!


sábado, 3 de septiembre de 2016

Civil War, Guns N' Roses, 1993


Hubo un tiempo, a principios de los años noventa, donde parecía que casi todo lo anterior iba a ser barrido por los nuevos tiempos. En Gran Bretaña, los grupos alternativos estaban dejando paso a un puñado de bandas cargadas de ácido y que no tenían complejos en mezclar el rock con la música de baile. De ellos, a su vez, saldrían los grandes brits poco después. 

Mientras tanto, en Estados Unidos, las dictaduras de Michael Jackson, Madonna, Springsteen y demás mastodontes -junto a toda la variedad de música ochentera para yuppies y soñadores aspirantes a serlo- también estaban llegando a su fin. Sólo sobrevivirían aquellos más capaces de adaptarse (adivinad quién), mientras que el resto pasaría a la historia con mayor o menor gloria. 

Esto mismo también estaba sucediendo en la música heavy metal. Aquellas bandas con sobredosis de laca en el pelo muy pronto dejarían de ampliar la capa de ozono con sus excesos capilares. Algunas, se lo cortarían: la mayoría, acabaría en la nostalgia de sus fans más incondicionales. La causa eran aquellos tipos de Seattle que, tras hacer su propia versión de la música de los Pixies, decidieron que el rock duro de la nueva década iba a ser muy diferente. 

Sólo una banda resistió con éxito el embate... al menos durante el principio. Es cierto que no llevaban tanta laca y, desde luego, eran pura energía más allá de las poses diversas. Guns N' Roses, que había alcanzado el éxito en el muy pasado de vueltas año de 1987, conseguiría sobrevivir al terremoto que Cobain y los suyos habían impuesto en 1991 con Nevermind

Cierto es que para hacerlo, tuvieron que dejar atrás todas las aristas sonoras que les habían dado el éxito, para convertirse de facto en una banda con un sonido mucho más barroco, apto para sus cada vez más mastodónticos conciertos. Aunque, desde luego, seguían siendo animales de escenario a todas, todas. 

Civil War es un ejemplo de ese estilo cada vez más grandilocuente que llevaban sus discos. Todos, en su día, alucinamos con sus dos Use Your Illusion, sendas colecciones de temazos capaces de competir -si no en frescura, sí en goce musical- con Nirvana. Balada poderosísima de reminiscencias setenteras de principio a fin (Rose y Slash cada vez ocultaban menos sus influencias musicales), Civil War era un enorme alegato antibélico compuesto por los tres grandes de la banda, los dos mencionados junto a Duff McKagan. Todavía hoy deja flipado ante sus siete minutos y pico, acabados en una coda final memorable.

Eso sí, los años no pasan en balde. Si habéis visto reciéntemente a Axl Rose en el escenario... bueno, ya no es lo mismo, a pesar de mantener su tremenda voz. Me quedo con la bestia que interpretaba Civil War hace nada menos que -uff- veinticinco años. Anda que no.

  




Hasta la próxima. 


sábado, 18 de junio de 2016

Dead Ringer for Love, Meat Loaf & Cher, 1981


Dicen que a veces la vida hace extraños compañeros de cama. Pues bien, en este caso, no sé si de cama, pero musicalmente es una de esas excentricidades que sólo los americanos son capaces de hacer... y salir airosos del intento. Más o menos. Permitidme explicarme. 

¿Cuál puede ser el resultado de poner en el mismo lugar y momento a una ya por entonces estrella del rock duro con aires épicos como Meat Loaf, y a la diva de divas Cher? La respuesta es igualmente inesperada e incluso desconcertante: algo que perfectamente podría haberse incluido en la banda sonora de Grease. Así, sin más. 

Hasta el vídeo hace honor a tamaño resultado producto de tamaño cruce. Y no lo digo por el tamaño del cantante norteamericano, que sería indigno chiste fácil a tirarme en cara con razón. Resulta que vemos en una tasca a un grupo de chavalas, ya con dos comuniones hechas la mayoría, con Cher a la cabeza -y a la cerveza- ataviada cual tabernaria lagarta de V. Visionaria ella, dicho sea de paso, pues aún le quedaban tres años a la serie. De repente, entra en escena una pandilla de chavales que parece sacada de Porky's no sólo por la estética, si no por ese esfuerzo en poner a tipos de veinticinco o treinta años como borrachines estudiantes de bachillerato. Y, por cierto, estos eran decididamente menos visionarios estéticamente que Cher, pues Porky's era contemporánea al clip.

Así que empieza a suceder lo que tiene que suceder. Cher y Meat Loaf se ponen a interactuar cual Olivia y Travolta, y se desata una juerga digna de You're The One That I Want que hasta incluye un repentino cambio de look setentero/hortera por parte de ellos, así sin más, por arte de birli birloque. Y ahí es donde uno ya acaba por desistir entender nada, para dejarse llevar por el inconmensurable espectáculo. 

Porque, desde luego, no será la mejor canción del mundo. Pero divertida, lo es un rato. 

PS: para los que seáis fans de Cher, que de todo tiene que haber en la viña del Señor, deciros que nunca se le ha visto interpretar este tema después, a diferencia de Meat Loaf. De hecho, tras grabar la canción y el impagable clip, jamás se le vio acercarse al asunto de nuevo. Así que me imagino que lo de "extraños compañeros de cama", es más que probable que aquí se mantuviera en su más absoluto sentido figurado. 




Letra de la Píldora.

Hasta la próxima. 

miércoles, 9 de marzo de 2016

A Day In The Life, The Beatles, 1967



Menudo 2016 llevamos. Si dedicara cada Píldora a cada uno de los ilustrísimos que nos han dejado (y sólo estamos a principios de marzo-, este blog sería prácticamente una sección de necrológicas, y no es en absoluto la intención. Sin embargo, hoy, al igual que sucedió hace un par de meses con Bowie, uno debe ponerse en el lugar que toca. Que, en el caso de hoy, es de pie y con el más solemne y sentido respeto. 

Esta mañana comentaba que la pérdida de George Martin, para los que somos de sangre Beatle, es totalmente equiparable a la de Lennon (la recuerdo, aún siendo muy niño, por el impacto enorme de la noticia) y a la de Harrison. Siempre se suele decir que el quinto beatle fue el batería anterior a Ringo, Pete Best, o incluso el primer bajista y amigo de Lennon, Stuart Sutcliffe. No es cierto. Fue George Martin. 

Fue él el tipo que, con su formación clásica y su espíritu de jazz, moldeó el rock and roll casi macarra de aquel grupo que fue presentado por su mánager Brian Epstein -tal vez la otra persona con capacidad de disputar a Martin el título de quinto beatle- por primera vez en 1962. Entonces, éste era el productor de un oscuro sello dependiente de EMI, Parlophone, y se dedicaba sobre todo a grabar comedias. Peter Sellers era uno de sus más famosos producidos. 

Naturalmente, en 1962, la juventud iba bastante más allá. No es que les convenciera demasiado el grupo, pero las voces harmónicas de Lennon y McCartney que oyó en la cinta le parecieron interesantes, y el entusiasmo de Epstein hizo el resto. Así que los contrató antes incluso de haberlos visto. A partir de aquí, cambió todo. Musicalmente, aportó su vasto conocimiento para introducir innovaciones que cambiaron para siempre la historia del rock. Entre otras muchísimas aportaciones, suya fue la idea de grabar Yesterday con un cuarteto de cuerdas, de añadir el célebre piano de aires barrocos (no era un clavecín, aunque lo hizo sonar como tal) de In My Life, y de dirigir la orquesta que debía sonar "hasta el infinito" en este A Day In The Life, que tenéis hoy aquí. 

Pero además fue un individuo apasionado por la tecnología en los estudios de grabación. En su época, el mayor avance eran las grabadoras de dos pistas para el sonido estéreo, que luego se ampliaron a cuatro. Pues bien, Martin, viendo la enorme complejidad que planteaba la idea que tenía el grupo para el álbum Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, fue el primero del mundo en grabar a ocho pistas... uniendo de manera casi imposible dos máquinas de cuatro. Ciertamente, para esta parte de su trabajo siempre se rodeó de los mejores ingenieros de sonido. Ahí quedan los nombres de Geoff Emerick, Norman Smith o incluso un jovencísimo Alan Parsons más tarde. 

Como homenaje, he querido traer uno de mis temas favoritos del grupo, este magnífico A Day In The Life, que cerraba el álbum Sgt. Pepper's. Se trata de una canción compleja, absolutamente surrealista, y a su manera, conmovedora. En ella, Martin tuvo un papel clave coordinando la orquesta en una grabación que se las prometía caótica: como el grupo quería un sonido que llegara hasta el infinito, entregó a los carísimos cuarenta músicos profesionales la que fue, posiblemente, la partitura más extraña que nunca vieron, en la que tenían que ir desde la nota más baja posible hasta la más alta. Para complicar más las cosas, por allí rondaban varias superestrellas superpsicodélicas y superfashion (Jagger, Richards, Donovan, Nesmith...). Así que la guinda fue la imposición del grupo -en un arrebato de extraño vanguardismo- a que todos los músicos llevaran puesto algún elemento de disfraz mientras grababan. De ahí que podáis ver en el vídeo a la orquesta más extraña y surrealista que nunca haya entrado a un estudio de grabación. Que era lo que querían. 

Y, por supuesto, también podréis ver al propio Martin. Lo encontraréis dirigiendo a la orquesta con una enorme nariz postiza (no se libró del asunto del disfraz) y, más tarde, departiendo con Lennon. 

Si hay algo más allá, es bastante probable que ahora ya estén departiendo de nuevo. Sin más, A Day In The Life




Hasta la próxima.